Cuando vi esos ojos por la primera vez, ya sabía, inmediatamente, que me había metido en problemas. No sabía la naturaleza de ellos, pero reconocía la sensación. La había tenido antes, de adolescente, cuando esperaba mi turno para subir una montaña rusa, The Blue Streak, con mi prima allí en el parque de Conneaut Lake. Quedaba cerca del pueblito donde creció mi papá.
Nunca quería subirla. Me llenaba de un miedo que me dejaba capaz de desmayar. Me quitaba la habilidad de formar oraciones completas que comunicaban ideas con sentido. Pero siempre lo hacía, una vez tras la otra, esperando que la próxima sería mejor que las anteriores.
Cada vez que veía la montaña rusa, comenzaba a sentir un nudo formar en la panza. Ya sabía lo que venía en seguida. En la primera subida, iba a disfrutar la sensación del aire en mi piel, tirando mi cabello de un lado al otro, e iba a estar asombrada con la maravilla de ver el parque entero… como si no lo hubiera hecho una hora antes. Iba a observar la fila de personas abajo, impacientes por tener la misma sensación que yo estaba sintiendo. En cuanto el carrito se movía lentamente, iba ser como si el tiempo se hubiera congelado. Pero, ya que iba bajando, me iba a invadir una sensación de no tener ni panza, ni cabello, ni cuerpo, ni vida.
Con mucho miedo, iba a agarrar la barra de allí en frente. El terror solo iba a bajar cuando, por la inercia, el carro iba a subir la segunda montaña. La emoción iba a durar menos en la segunda subida, y el miedo que venía después iba a ser menos también. En la tercera subida, ya mi corazón no iba a latir con un ritmo tan rápido como antes, y el sudor ya no me iba a mojar como si me hubiera bañado hace poco. Iba a sentirme tranquila y relativamente estable en la última parte del viajecito, que me regresaba de nuevo al inicio.
Yo ya iba en marcha para ésta montaña rusa con el dueño de esos ojos… a pesar de que él no había percibido nadita. Es una cosa curiosa de los ojos… Su dueño piensa en ellos como una herramienta, dos objetos con sensores que el cerebro interpreta para recibir mensajes visuales sobre el mundo exterior. Nunca piensa que sus ojos están comunicando algo… mientras alguna otra persona los ve como ventanas a su alma. Me quedé hipnotizada por aquellos ojos brillantes.
Cuando mis pies volvieron a tocar la tierra, me acordé de las historia que ya había escuchado sobre este hombre… que hacía reír a todos a su alrededor con su plática sagaz, que tenía un don para el baile, y una habilidad de encariñar a la gente. Cayó el veinte que era una persona a quien no iba a poder resistir, a pesar de intentarlo con todas las fuerzas.
Y fue así que me hiciste reír por la primera vez.
Y fue así que aprendí a bailar la bachata contigo, afuera del colmado, donde compraba jugo de pera de día, y Brugal de noche.
Y fue así que yo agarré tu mano, caminando por una calle de Washington Heights, y me puse en la fila, y me subí a la pinche montaña rusa.